
Pasa el tiempo si no pesa,
pesa el tiempo si no pasa.
Deja poso cuando pasa,
pisa implacable cuando pesa.
Hoy celebro un año más.
Estoy en esa supuesta madurez
del paso del ecuador,
en esa edad de la grave sensatez,
apta para poco.
Tengo frío.
He pasado media vida
columpiándome en la luna,
y de ella aprendí
la sencillez de la transparencia,
la adaptabilidad al vaivén,
la seducción de una alegre sonrisa.
Hoy la luna me desnuda
de aquello que me dio y tengo frío.
Las noches pasan desiertas
de un antes y un después.
Soy prófuga de un petulante presente
que pretende confesarme cuanto no se de mi,
mientras mis pies desnudos
no tienen que pisar dónde.
Ha llegado el momento de elegir:
mantener la mesana recogida
o soltar vela en busca de vientos favorables.
Buscar el camino que demanda mi huella,
o seguir con ese discurrir de puntillas.
M.M.D. Mayo'10
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